miércoles, 26 de agosto de 2015
Develando Asesinatos
Escrito el domingo, septiembre 23, 2007
De un tiempo a esta parte me puse a buscar novelas policiales, las que jamás me habían llamado la atención. Un tipo muy snob que atendía una librería me dijo con la soberbia 'del que sabe' que Henning Mankell era el mejor escritor policial de todos los tiempos.
Yo ya había escuchado hablar del autor sueco, pero hasta ese momento conocía recomendaciones más prudentes aunque no por eso poco auspiciosas. Mankell es el padre del inspector Kurt Wallander, miembro destacado de la policía de Ystad. Personaje sufriente en sus contradicciones, sus deseos y proyecciones, es decir, muy afín a mí. Compartimos tormentos.
Busqué y rebusqué investigando cuál podía ser una primera buena lectura. "La Quinta Mujer" fue la novela elegida. Demoré la lectura para disfrutarla y bueno, también porque mucho tiempo no tenía para dedicarle. Wallander pensaba en cambios en su vida mientras investigaba una serie de asesinatos perfectamente ominosos. Esa lucha entre la cotidianidad desbordante y el ahogo por la necesidad de cambios configuran un personaje bastante interesante.
En esta primera lectura no podría afirmar bajo ninguna circunstancia que nos encontramos frente al más grande escritor policial del planeta, pero sí seguramente está dentro de los Top Ten. La novela está bien producida, el manejo de los tiempos y circunstancias mantiene una precisión coherente que motiva, los personajes están bien logrados. Hay ciertos diálogos en los que sin embargo Wallander aparece con una pedantería que me lateó. El problema es que no conseguí hacerme la idea si esta característica era parte del personaje o una limitación en la capacidad narrativa del autor. A veces me quedaba la idea de que no estaban bien logrados ciertos diálogos.
Son distintos, bastante distintos el policía Salvo Montlbano de Camilleri y el inspector Kurt Wallander de Mankell. Debo bucear luego en las páginas que protagoniza Pepe Carvalho, personaje de Manuel Vásquez Montalbán (de donde viene Montalbano como homenaje) para así tener una visión algo más compleja y completa del asunto.
LA QUINTA MUJER
Henning Mankell
Editorial Tusquets
481 págs.
Ahí no más
Escrito el lunes, julio 16, 2007
El 14 estuve de cumpleaños. Lo pasé bien. Familia, amigos, aunque no estaba motivado de hacer absolutamente ninguna cosa.
Terminé Jugadores de Don DeLillo. No enganché nunca con la novela. Mucho diálogo y poco sustento en mi lectura. Recalco: mi lectura. Porque dicen que es uno de los grandes narradores americanos me esperaba mucho más. Sé que no es una de sus novelas más representativas, pero no saqué mucho de lo leído. En todo caso, no descarto posteriores lecturas de otros de sus libros, ya que me quedó la sensación permanente que todo lo que dificultaba un real enganche con la trama pasaba por un problema fuerte de traducción. Intuyo que la traducción al castellano de la novela no fue de las mejores. Algo faltó en el ejercicio de traslación, que es una reescritura siempre, se quiera o no.
Dato de Libros
Escrito el domingo, julio 08, 2007
Esta semana estaré bastante atareado de pega, por lo que no creo que tenga tiempo de leer mucho. Espero eso sí alcanzar a terminar el libro de Don DeLillo con el que estoy, ya que de ahí me espera La Quinta Mujer del sueco Henning Mankell.
Con las arcas fiscales algo devastadas, me puse a buscar la novela de Mankell y bueno, tal como lo intuía, al ser publicada su obra en español por Tusquets lo más probable es que para conseguir cualquier ejemplar tendría que desembolzar un billete con la imágen de Andrés Bello. No estaba en condiciones.
De casualidad doy en Internet con la página de un librero y dentro de su completo catálogo justamente me esperaba el libro de Mankell. La librería tiene una sencilla pero completa página con todo el catálogo de sus libros usados, muchas de ellas verdaderas joyas. A través de la página se le encargan los pedidos que uno quiera y te los envían a la casa. Yo preferí ir directamente a buscarlo. En una antigua casa de la comuna de San Miguel se encuentra los cientos de libros que pueblan sus paredes y estantes. Mención aparte merece quien los vende: Javier Santos es de aquellos personajes cercanos e interesantes, con los cuales se establece rápida y amena conversación.
Quien quiera buscar buena literatura debe visitar la página de la Librería Antígona, haciendo click sobre la última palabra escrita en este párrafo.
Recordando al Beto Plaza
Escrito el lunes, julio 02, 2007
Un resumen novelado de la ya novelada vida del autor de Falconer y Bullet Park resultó ser la penúltima novela leída. John Cheever pone en juego de manera total sus propias erratas, miedos y proyectos en menos de ciento cincuenta páginas, describiendo a través del personaje principal algunas de sus principales 'vivencias'. Todo esto no de forma completamente literal, pero sí con guiños más que directos: Esto parece el paraíso, tremendamente recomendable.
En los tiempos que viví en Antofagasta, concurso de cuentos que había lo ganaba Patricio Jara. En esos años no habían demasiados concursos en el norte grande de Chile, pero entre los que había destacaba su nombre siempre entre los que subían al podio. Las primeras cosas que leí de él fueron, por consiguiente, sus cuentos ganadores recopilados en la consiguiente edición de aquellos concursos. Luego llegó a mis manos una edición antológica de su producción en la narrativa breve.
Pasaron algunos años y salió publicada su primera novela con buena crítica y éxito incierto (por mí) de ventas. Si bien Patricio Jara había estudiado en el mismo colegio en el que yo estaba, por ser mayor que yo nunca lo llegué a conocer en persona (creo que él es de la generación del '91 y yo soy del '97). Tuvimos, sí, el mismo profesor de castellano en el recordado Colegio San Luis. El Beto Plaza fue, sin dudas, el mejor profesor que tuve en todos mis años de colegio. Envidiablemente podía pasar del lenguaje más elevado al más coloquial en milésimas de segundo, te dejaba pasmado con su tremendo conocimiento de literatura, te recitaba el autor que quisieras de corrido, se intuía en él a un maestro de la diatriba siendo versadísimo en el garabato preciso. Fumaba tanto que se consumió a sí mismo. Tiempo después supe de su partida. Yo en la universidad y él en Santiago muriéndose con su cáncer. No me enteré a tiempo y me lo reprocho siempre al recordarlo, murió sin que tuviéramos la conversación pendiente que le debía.
Quería agradecerle. El cariño por los libros, entre otras personas, también se lo debía a él. Tantas preguntas, tanto pelambre en torno a la poesía chilena que quedó pendiente. Tanto conocimiento que no tendré de su parte.
Patricio Jara sacó el 2005 una tremenda novela con un bellísimo título. Publicado por Seix Barral en la Serie Biblioteca Breve, El Mar Enterrado se presenta como un potente y bien documentado relato sobre las vivencias del capitán boliviano Eusebio Matrás tiempo antes del 14 de Febrero de 1879, día en que desembarcan las tropas chilenas en el entonces puerto boliviano de Antofagasta. Si se encuentran con esta novela, no duden en leerla y disfrutarla. Una de las páginas emotivas de la novela fue para mí la número 7, en que precisamente se lee A la memoria de Huberto Plaza.
Pamuk - Camilleri - Cheever
Escrito el viernes, junio 29, 2007
Le eché la culpa a la falta de tiempo, pero también es cierto que me costó tragar "Me llamo Rojo" de Orhan Pamuk. Empezó bien y se me puso lento en las trescientas páginas centrales. No era sólo la falta de tiempo, también había cierta desidia de sentir que no avanzaba mucho mientras iba pasando las páginas. Luego, todo se revoluciona. Aparece el ritmo, pasan cosas y lo mejor, uno va esperando con ansias que vayan pasando cosas. Queda la cagá, excelente. Termino satisfecho de la lectura, del viaje en el tiempo, de las antiguas técnicas orientales de ilustración, de lo perdido en la historia.
Ahora necesitaba tener entre mis manos una lectura versátil, amena, inteligente y dinámica. Busco entre los pendientes la primera novela donde debuta el comisario Salvo Montalbano. Andrea Camilleri aparece con "La forma del agua" que, siguiendo con los términos culinarios, me lo devoré en pocas horas. Qué tremenda habilidad para elaborar una historia tan completa y avasalladora. No podía parar de leer y de disfrutar. Increíble.
Voy en el último tercio de "Esto parece el paraíso" de John Cheever. Va re bien.
A la caza de Murakami
Escrito el domingo, marzo 04, 2007
Un ejemplar explicitaba que había nacido en Tokio. Tomé otro y leyendo la reseña de la contratapa decía que no había nacido en Tokio, sino en Kobe. Raro. Tomé otro libro suyo y esta vez informaba que su lugar de nacimiento había sido Kioto. No podía creer tanta desinformación de aquellas editoriales españolas que en Buenos Aires mismo me habían cobrando un ojo de la cara por sus novelas. Tomé otro de sus libros y esta vez sí se repitió una de las ciudades, aunque con un pequeño cambio de letra: en vez de Kioto decía Kyoto. Todas, eso sí, concordaban en que Murakami había nacido treinta años antes que yo.
Mientras revisaba el correo me acordé del misterio de la ciudad natal y todo evidencia a lo siguiente: Haruki Murakami habría nacido en Kioto, pero al poco tiempo se traslada a Kobe con su familia donde vive su infancia y juventud. Luego, siguiendo los pasos de sus padres (ambos profesores de literatura), se inscribe en la Universidad de Waseda en Tokio. Se supone. Digo 'se supone' porque nuevamente hay una discordancia en la información que entregan las contraportadas. La mayoría se une a la idea de que estudió licenciándose en literatura, pero una de ellas dice que en verdad estudió teatro clásico griego. A mí me suena que se licenció en literatura quizá con alguna investigación o tesis sobre el teatro clásico griego o la dramaturgia de ese tiempo. Vaya a saber uno. Estoy leyendo La Caza del Carnero Salvaje editada por Anagrama. Esta novela fue publicada originalmente en 1981, fecha en la que Murakami dirigía un Club de Jazz. El Club de Jazz murió con el nacimiento de esta novela, ya que recibió el Premio Noma para nuevos narradores y de ahí se sumergió a tiempo completo en las letras.
No sé si leer todo lo que me traje de él de una sola vez o si leer Murakami por medio. Tengo harto material para pimponear. Todo bastante bastante pop. Pamuk se ganó el premio Nobel el año pasado y todo apunta a que me traje una de sus mejores novelas, tengo dos de Kawabata que se lo había ganado bastante tiempo atrás, creo que en el '68. Dos más de Coetzee quién se lo ganó el 2003. Murakami no se lo ha ganado pero lo más probable es que en un tiempo más se lo den. Lo mismo podría ocurrir con Philip Roth. Con Camilleri puede que esté más difícil la cosa, pero al parecer su Salvo Montalbano la está rompiendo en todos lados. Ojo, Andrea Camilleri debutó como novelista a la edad de 53 años. Me cae bien por eso. Cheever no se lo ganó, mientras escribía entre el alcohol y la distimia.
Tengo, como muchos, una relación ambivalente con respecto al Nobel. Por un lado sabemos que ha sido al menos digno de sospecha en algunas oportunidades. Muchos de sus ganadores nunca fueron mundialmente reconocidos por su obra. En lo superficial, alimenta todo ese mundo copuchento y cahuinero de los escritores, dando pie a grandes (, o no tanto,) discusiones sobre el merecimiento de tal galardón, lo apitutado que estaba este otro autor, lo mediocre o fantástica de la obra de aquél, etcétera etcétera. A pesar de todo, lo quiera uno o no, también me involucro y entusiasmo con los nombres que están sonando, con las historias de aquellos escritores de países lejanos y casi desconocidos que sin embargo han fraguado obras monumentales. Porque finalmente de eso se trata para mí, y creo que de eso debiese tratarse el asunto. De las letras impresas que al leerlas, hacen de nosostros, tan comunes y tan corrientes, mejores personas.
COETZEE
Escrito el martes, enero 30, 2007
- Deberías ir a terapia -le dice Jacqueline, expulsando humo.
- Me lo pensaré -replica él. A estas alturas ya sabe que no debe contradecirla.
En realidad, no iría a terapia ni en sueños. La meta de la terapia es hacerte feliz. ¿Qué sentido tiene? La gente feliz no es interesante. Mejor aceptar la carga de la infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena, poesía, música o pintura: es lo que él cree.
J. M. Coetzee - Juventud
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