miércoles, 26 de agosto de 2015

Soy de Católica

Escrito el jueves, agosto 14, 2014.
Hace poco leí un libro que se llama Soy de Católica y no me identifiqué con lo que allí decía. Elaboro mi propia Arte Poética del asunto. Soy de Católica por una razón específica. Los empates y las derrotas me alimentan el espíritu de una manera riquísima. Que no se me mal entienda, obviamente no se juega para perder, se busca la gloria siempre, pero para mí es un objetivo que nutre un rato. También me pongo contento cuando se gana, lo paso la raja, lo disfruto, que no se me mal entienda, no abogo por jugar buscando la derrota, se busca ganar pero considerando el ganar como un horizonte que da un poco lo mismo, porque el proceso, lo que pasa entremedio, es lo que importa. Fue la raja salir campeón, es bacán, pero después de eso qué. Alcanzar la gloria después sólo llena de vacío, vacío que requiere una nueva búsqueda de gloria en un partir de cero muy semejante al que no tiene nada, al derrotado. Ganar es entretenido, pero no es más que eso. El tema es la relación con la decepción. La derrota es la que conmueve, moviliza emotivamente, en la derrota uno se pone a prueba con uno mismo, es en la derrota donde nos vemos conminados a espejearnos en lo que realmente nos cuesta aceptar: que no le achuntamos en la vida. La Violeta Parra es de la Católica toda vez que dijo la vida es mentira la muerte es verdad. Borges es de la Católica toda vez que dijo que la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce. Como lo que nos dice el tema '12 segundos de obscuridad' de Jorge Drexler. No podría ser jamás de otro equipo que no sea Católica. Agradezco partidos como éste de hoy, ricos en decepción, certero reflejo de cuanto nos cuesta masticar. Partidos como éste son una experiencia arquetípica de la lucha (perdida de antemano) en la búsqueda de la perfección. Lucha que cuando la vivo con intensidad y la pierdo, tomo con mi índice y pulgar el escudo de mi camiseta y salgo besándolo del estadio agradecido.

La Llave - Junichiro Tanizaki

Escrito el sábado, septiembre 11, 2010.
Todavía tengo algunos textos pendientes de lectura del último viaje a Buenos Aires en el que aprovisioné mi despensa de libros. Uno de estos (que resultó devorable) fue esta novela de corto aliento y largo alcance llamada "La Llave". Si mal no recuerdo me puse a conversar sobre algunos autores con el dependiente de la librería que está en el zócalo de Galerías Pacífico, aquella con su cielo impresionante desde los murales de Antonio Berni. El tema es que había oído sobre Tanizaki y cuando se lo nombro me alcanza de inmediato esta novela, junto con esa recomendación sincera de la que uno se fía por completo. Esto porque los vendedores de las librerías en esa ciudad leen y por lo general no me he llevado sorpresas con sus preferencias estéticas. Caro era el ejemplar para estar en ese país que respeta los libros, dudé si irme o no en compañía de él pero qué tanto, luego vendrá el aguinaldo del año siguiente que equilibrará las arcas administradas por el banco que me roba con la ley como su soporte. Todos los aguinaldos posibles de ese año ya estaban más que gastados... invertidos. Durmió por un buen tiempo en la despensa sin puertas de uno de los libreros y en esos impulsos lo tomé y ya está, fue leído:
a. me gustan los nombres de los personajes. b. el texto transcurre a través de la lectura de dos diarios, el del profesor y su esposa Ikuko en los que cada uno plasma sus propias conjeturas acerca de lo que les es imposible decirse cara a cara. c. a través de la cronología expuesta en la sucesión de la conciencia que le oculta el uno al otro, se deja entrever ese segundo relato que sostenemos cada uno de nosotros internamente sobre quien tenemos en frente, ese murmullo inaudible que provocamos y al que en las crisis de cualquier tipo terminamos por recurrir para tomar decisiones. d. las apariencias, me intrigan en demasía las apariencias, la manera de enfocar las apariencias tanto del cine como la literatura japonesa. Acá el relato, los diálogos que establecen cara a cara los personajes son en su mayoría desde la lectura entre las sombras, entrelíneas aparece lo que expreso, morfología del deseo obviamente. e. Kimura es supuesto pretendiente de la hija del profesor e Ikuko, llamada Toshiko. No obstante Kimura es el personaje entrelíneas que sostiene la relación marital. Toshiko mediante. Profesor mediante. Sin duda Ikuko mediante. f. hay embriaguez, hay enfermedad, hay lo que en occidente serían trastornos de personalidad, hay honor oxigenado en doble discurso, hay tristeza, hay hartos celos, hay sutileza y violencia al mismo tiempo. G. Tiempo que no quedaba conforme como ahora con un final, y éste me regaló la idea de una novela de factura, sin pretenciones logra todo lo que se permite querer. Ahora que hablé de Buenos Aires ya saqué de la despensa "El Pasado" de Alan Pauls, otro que dormía y al que luego comenzaré a despertar cuando lo abra.

Cristo y la doctrina de la crueldad

Escrito el miércoles, abril 01, 2009.
Fragmentos del filósofo y matemático inglés Bertrand Russell: Para mí, hay un efecto muy serio en el carácter moral de Cristo, y es que creía en el infierno. Yo no creo que ninguna persona profundamente humana pueda creer en un castigo eterno. Cristo, tal como lo pintan los Evangelios, sí creía en el castigo eterno, y uno se topa una y otra vez con una furia vengativa contra los que no escuchaban sus sermones. No se halla, por ejemplo, esa actitud en Sócrates. Es amable con la gente que no lo escucha; y eso, a mí entender, es más digno de un sabio que la indignación. Probablemente todos recuerdan las cosas que dijo Sócrates al morir y lo que decía generalmente a la gente que no estaba de acuerdo con él. Uno se encontrará con que Cristo dijo en los Evangelios: "¡Serpientes, raza de vívoras! ¿Cómo evitaréis el ser condenado al fuego del infierno?". Se lo decía a la gente que no escuchaba sus sermones. A mí entender este no es el mejor tono [...] No creo que ninguna persona un poco misericordiosa siembre en el mundo miedos y terrores de esta clase. Luego, Cristo dice: "Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y expulsarán de su reino a todos los escandalosos y a cuantos obran la maldad; y los arrojarán en el horno del fuego: allí será el llanto y el crujir de dientes". Y continúa extendiéndose con los gemidos y rechinar de dientes. Esto se repite un versículo tras otro y el lector se da cuenta que hay un cierto placer en la contemplación de los gemidos y el rechinar de los dientes, pues de lo contrario no se repetirían con tanta frecuencia. [...] "Y si es tu mano derecha la que te sirve de escándalo o te incita a pecar, córtala y tírala lejos de ti; pues es mejor está que perezca uno de tus miembros, que no vaya todo el cuerpo al infierno, al fuego que no se extingue jamás". Esto lo repite una y otra vez. Debo declarar que toda esta doctrina, que el fuego del infierno es un castigo por haber pecado, es una doctrina de la crueldad. Es una doctrina que trajo crueldad al mundo y dio al mundo generaciones de cruel tortura; y el Cristo de los Evangelios, si acepta tal como lo representan los cronistas, tiene que ser considerado en parte responsable de eso. [...] Y no puedo pensar que, ni en virtud ni en sabiduría, Cristo esté tan alto como otros personajes históricos. En estas cosas pongo por encima de Él a Buda y a Sócrates. [...] Ésa es la idea: que todos seríamos malos si no nos acogiéramos a la religión cristiana. A mí me parece que la gente que se ha acogido a ella es, en su mayoría, extremadamente mala. Se da este hecho curioso; cuanto más intensa ha sido la religiosidad de cualquier período, y más profunda la creencia dogmática, han sido mayor la crueldad y peores las circunstancias. En las llamadas edades de la fe, cuando los hombres realmente creían en la religión cristiana en toda su integridad, surgió la Inquisición con sus torturas; millones de mujeres desafortunadas fueron quemadas por brujas; y se practicaron toda clase de crueldades sobre toda clase de gente en nombre de la religión. Del libro: 'Por qué no soy cristiano', de Bertrand Russell.

Dos Cabos Sueltos

Escrito el domingo, octubre 14, 2007.
En la página 110 del libro Cabos Sueltos de la filósofa chilena Carla Cordua aparece lo siguiente: EXIGIR VERGÜENZA Nos apresuramos a creer que el deshonesto debiera avergonzarse de sus actos, para mejor olvidarnos de que si los comete ante nosotros o nos habla de ellos, es porque nos desprecia. Por su parte, dice en la página 122: LA GRANDEZA DE LO GENIAL El genio, al que concebimos con claridad únicamente a propósito de lo acabado, de la obra ya realizada, es una posibilidad de la pervivencia, no de la vida actual. Por lo mismo no puede ser proyecto para nadie, una fuente reguladora de la conducta en el presente. Cuando el deseo insensato de poseer la grandeza del genio ahoga el verdor de una vida en vías de llegar a ser, es normal que ésta adquiera algunos razgos de ultratumba. Lo que se llama convertirse alguien prematuramente en su propia estatua.

Funámbulos

Escrito el viernes, octubre 12, 2007.
Inevitable no comentar este libro. Primer trabajo editado de su autor: un guiño absoluto a lo sensible. Pocas y magníficas, profundas, místicas, páginas materiales e ideales, amores sublimes y naturalmente truncos e incompletos. Las imágenes, la belleza de ellas y la subversión de esta última. La mujer desnuda en el féretro de hielo, la misma a cientos de pies de altura en el cielo afirmada sobre su pie en el alambre y como levitando. Rescate de la poesía por encima de todo lo que nos compete. Lo trágico de la pasión, lo trágico de la esperanza, lo trágico del ideal. El instinto. Lo casi.

El cuentista inconcluso

Escrito el lunes, octubre 01, 2007.
En un principio tenía considerada esta publicación póstuma de Bolaño con una mezcla de crítica sospecha y genuina curiosidad. La sospecha venía de esa percepción corriente y aberrante sobre las ganancias que obtienen los predicadores una vez muerto el dios. La curiosidad, obviamente, radicaba en que no me interesan los predicadores ni tampoco demasiado el dios, sino las cosas que hizo en sus siete días de producción en la tierra. Lo que me llevó a sospechar de mi sospecha es la admiración que hasta el momento le tengo a la seriedad de Ignacio Echevarría, quien al encontrarse al frente de la publicación hacía que mi curiosidad se inflara a varios bar de presión. Me imagino la gozosa ansiedad del editor de EL SECRETO DEL MAL al mover con el mouse el puntero sobre las carpetas, archivos, palabras y más palabras inconclusas que aparecían ante sus ojos desde el computador personal del difunto Bolaño. Como un arqueólogo deslumbrado por estar próximo a deslumbrarse. El resultado de aquella profunda investigación en los caracteres de los últimos trabajos de Roberto Bolaño es de primer nivel. Esta última publicación póstuma con varios de sus textos narrativos contenidos sin concluir generó el gusto en su lectura de lo perdido con la muerte. No es mito, ya que éstos se plantean desde un convencimiento popular con bases incompactas, lejanas de las rocas narrativas que nos legó. "Cuentos"- decía Bolaño: son cuentos. Para mí también, incluso y sobre todo lo más autobiográfico o aquellos productos concienzudamente trabajados desde la aguda crítica literaria que ejercía. Hablo de: lo vivido con La colonia lindavista, el suspenso de El secreto del mal, aquellos nuevos guiños de 'Los detectives salvajes' con El viejo de la montaña, la historia que yo mismo Carlos Subiabre Sierralta viví al pie de la letra en El hijo del coronel, lo bizarro contenido en La habitación de al lado, la altísima capacidad analítico narrativa de Laberinto, el tremendo análisis de la literatura argentina (y en gran parte en su calidad, hispanoamericana) Derivas de la pesada, aquellos resabios de las atrocidades vividas en las muertes de mujeres en '2666' con Crímenes, la cercanía con su historia ontológica en No sé leer, las ambigüedades y certezas que provoca lo terrible en Músculos, el choque de los mundos de los desamparados que se produce en Bronceado, la pequeña gran subversión en El provocador, la capacidad discursiva de Sevilla me mata, los cabos aclaratorios en Las jornadas del caos. Parafraseando a Bolaño en su análisis Derivas de la pesada, quien dice "Hay que releer a Borges otra vez", lanzo mi propio corolario: Hay que empezar a leer a Bolaño, hay que empezar a leerlo siempre.

Develando Asesinatos

Escrito el domingo, septiembre 23, 2007
De un tiempo a esta parte me puse a buscar novelas policiales, las que jamás me habían llamado la atención. Un tipo muy snob que atendía una librería me dijo con la soberbia 'del que sabe' que Henning Mankell era el mejor escritor policial de todos los tiempos. Yo ya había escuchado hablar del autor sueco, pero hasta ese momento conocía recomendaciones más prudentes aunque no por eso poco auspiciosas. Mankell es el padre del inspector Kurt Wallander, miembro destacado de la policía de Ystad. Personaje sufriente en sus contradicciones, sus deseos y proyecciones, es decir, muy afín a mí. Compartimos tormentos. Busqué y rebusqué investigando cuál podía ser una primera buena lectura. "La Quinta Mujer" fue la novela elegida. Demoré la lectura para disfrutarla y bueno, también porque mucho tiempo no tenía para dedicarle. Wallander pensaba en cambios en su vida mientras investigaba una serie de asesinatos perfectamente ominosos. Esa lucha entre la cotidianidad desbordante y el ahogo por la necesidad de cambios configuran un personaje bastante interesante. En esta primera lectura no podría afirmar bajo ninguna circunstancia que nos encontramos frente al más grande escritor policial del planeta, pero sí seguramente está dentro de los Top Ten. La novela está bien producida, el manejo de los tiempos y circunstancias mantiene una precisión coherente que motiva, los personajes están bien logrados. Hay ciertos diálogos en los que sin embargo Wallander aparece con una pedantería que me lateó. El problema es que no conseguí hacerme la idea si esta característica era parte del personaje o una limitación en la capacidad narrativa del autor. A veces me quedaba la idea de que no estaban bien logrados ciertos diálogos. Son distintos, bastante distintos el policía Salvo Montlbano de Camilleri y el inspector Kurt Wallander de Mankell. Debo bucear luego en las páginas que protagoniza Pepe Carvalho, personaje de Manuel Vásquez Montalbán (de donde viene Montalbano como homenaje) para así tener una visión algo más compleja y completa del asunto. LA QUINTA MUJER Henning Mankell Editorial Tusquets 481 págs.

Ahí no más

Escrito el lunes, julio 16, 2007
El 14 estuve de cumpleaños. Lo pasé bien. Familia, amigos, aunque no estaba motivado de hacer absolutamente ninguna cosa. Terminé Jugadores de Don DeLillo. No enganché nunca con la novela. Mucho diálogo y poco sustento en mi lectura. Recalco: mi lectura. Porque dicen que es uno de los grandes narradores americanos me esperaba mucho más. Sé que no es una de sus novelas más representativas, pero no saqué mucho de lo leído. En todo caso, no descarto posteriores lecturas de otros de sus libros, ya que me quedó la sensación permanente que todo lo que dificultaba un real enganche con la trama pasaba por un problema fuerte de traducción. Intuyo que la traducción al castellano de la novela no fue de las mejores. Algo faltó en el ejercicio de traslación, que es una reescritura siempre, se quiera o no.

Dato de Libros

Escrito el domingo, julio 08, 2007
Esta semana estaré bastante atareado de pega, por lo que no creo que tenga tiempo de leer mucho. Espero eso sí alcanzar a terminar el libro de Don DeLillo con el que estoy, ya que de ahí me espera La Quinta Mujer del sueco Henning Mankell. Con las arcas fiscales algo devastadas, me puse a buscar la novela de Mankell y bueno, tal como lo intuía, al ser publicada su obra en español por Tusquets lo más probable es que para conseguir cualquier ejemplar tendría que desembolzar un billete con la imágen de Andrés Bello. No estaba en condiciones. De casualidad doy en Internet con la página de un librero y dentro de su completo catálogo justamente me esperaba el libro de Mankell. La librería tiene una sencilla pero completa página con todo el catálogo de sus libros usados, muchas de ellas verdaderas joyas. A través de la página se le encargan los pedidos que uno quiera y te los envían a la casa. Yo preferí ir directamente a buscarlo. En una antigua casa de la comuna de San Miguel se encuentra los cientos de libros que pueblan sus paredes y estantes. Mención aparte merece quien los vende: Javier Santos es de aquellos personajes cercanos e interesantes, con los cuales se establece rápida y amena conversación. Quien quiera buscar buena literatura debe visitar la página de la Librería Antígona, haciendo click sobre la última palabra escrita en este párrafo.

Recordando al Beto Plaza

Escrito el lunes, julio 02, 2007
Un resumen novelado de la ya novelada vida del autor de Falconer y Bullet Park resultó ser la penúltima novela leída. John Cheever pone en juego de manera total sus propias erratas, miedos y proyectos en menos de ciento cincuenta páginas, describiendo a través del personaje principal algunas de sus principales 'vivencias'. Todo esto no de forma completamente literal, pero sí con guiños más que directos: Esto parece el paraíso, tremendamente recomendable. En los tiempos que viví en Antofagasta, concurso de cuentos que había lo ganaba Patricio Jara. En esos años no habían demasiados concursos en el norte grande de Chile, pero entre los que había destacaba su nombre siempre entre los que subían al podio. Las primeras cosas que leí de él fueron, por consiguiente, sus cuentos ganadores recopilados en la consiguiente edición de aquellos concursos. Luego llegó a mis manos una edición antológica de su producción en la narrativa breve. Pasaron algunos años y salió publicada su primera novela con buena crítica y éxito incierto (por mí) de ventas. Si bien Patricio Jara había estudiado en el mismo colegio en el que yo estaba, por ser mayor que yo nunca lo llegué a conocer en persona (creo que él es de la generación del '91 y yo soy del '97). Tuvimos, sí, el mismo profesor de castellano en el recordado Colegio San Luis. El Beto Plaza fue, sin dudas, el mejor profesor que tuve en todos mis años de colegio. Envidiablemente podía pasar del lenguaje más elevado al más coloquial en milésimas de segundo, te dejaba pasmado con su tremendo conocimiento de literatura, te recitaba el autor que quisieras de corrido, se intuía en él a un maestro de la diatriba siendo versadísimo en el garabato preciso. Fumaba tanto que se consumió a sí mismo. Tiempo después supe de su partida. Yo en la universidad y él en Santiago muriéndose con su cáncer. No me enteré a tiempo y me lo reprocho siempre al recordarlo, murió sin que tuviéramos la conversación pendiente que le debía. Quería agradecerle. El cariño por los libros, entre otras personas, también se lo debía a él. Tantas preguntas, tanto pelambre en torno a la poesía chilena que quedó pendiente. Tanto conocimiento que no tendré de su parte. Patricio Jara sacó el 2005 una tremenda novela con un bellísimo título. Publicado por Seix Barral en la Serie Biblioteca Breve, El Mar Enterrado se presenta como un potente y bien documentado relato sobre las vivencias del capitán boliviano Eusebio Matrás tiempo antes del 14 de Febrero de 1879, día en que desembarcan las tropas chilenas en el entonces puerto boliviano de Antofagasta. Si se encuentran con esta novela, no duden en leerla y disfrutarla. Una de las páginas emotivas de la novela fue para mí la número 7, en que precisamente se lee A la memoria de Huberto Plaza.

Pamuk - Camilleri - Cheever

Escrito el viernes, junio 29, 2007 Le eché la culpa a la falta de tiempo, pero también es cierto que me costó tragar "Me llamo Rojo" de Orhan Pamuk. Empezó bien y se me puso lento en las trescientas páginas centrales. No era sólo la falta de tiempo, también había cierta desidia de sentir que no avanzaba mucho mientras iba pasando las páginas. Luego, todo se revoluciona. Aparece el ritmo, pasan cosas y lo mejor, uno va esperando con ansias que vayan pasando cosas. Queda la cagá, excelente. Termino satisfecho de la lectura, del viaje en el tiempo, de las antiguas técnicas orientales de ilustración, de lo perdido en la historia. Ahora necesitaba tener entre mis manos una lectura versátil, amena, inteligente y dinámica. Busco entre los pendientes la primera novela donde debuta el comisario Salvo Montalbano. Andrea Camilleri aparece con "La forma del agua" que, siguiendo con los términos culinarios, me lo devoré en pocas horas. Qué tremenda habilidad para elaborar una historia tan completa y avasalladora. No podía parar de leer y de disfrutar. Increíble. Voy en el último tercio de "Esto parece el paraíso" de John Cheever. Va re bien.

A la caza de Murakami

Escrito el domingo, marzo 04, 2007
Un ejemplar explicitaba que había nacido en Tokio. Tomé otro y leyendo la reseña de la contratapa decía que no había nacido en Tokio, sino en Kobe. Raro. Tomé otro libro suyo y esta vez informaba que su lugar de nacimiento había sido Kioto. No podía creer tanta desinformación de aquellas editoriales españolas que en Buenos Aires mismo me habían cobrando un ojo de la cara por sus novelas. Tomé otro de sus libros y esta vez sí se repitió una de las ciudades, aunque con un pequeño cambio de letra: en vez de Kioto decía Kyoto. Todas, eso sí, concordaban en que Murakami había nacido treinta años antes que yo. Mientras revisaba el correo me acordé del misterio de la ciudad natal y todo evidencia a lo siguiente: Haruki Murakami habría nacido en Kioto, pero al poco tiempo se traslada a Kobe con su familia donde vive su infancia y juventud. Luego, siguiendo los pasos de sus padres (ambos profesores de literatura), se inscribe en la Universidad de Waseda en Tokio. Se supone. Digo 'se supone' porque nuevamente hay una discordancia en la información que entregan las contraportadas. La mayoría se une a la idea de que estudió licenciándose en literatura, pero una de ellas dice que en verdad estudió teatro clásico griego. A mí me suena que se licenció en literatura quizá con alguna investigación o tesis sobre el teatro clásico griego o la dramaturgia de ese tiempo. Vaya a saber uno. Estoy leyendo La Caza del Carnero Salvaje editada por Anagrama. Esta novela fue publicada originalmente en 1981, fecha en la que Murakami dirigía un Club de Jazz. El Club de Jazz murió con el nacimiento de esta novela, ya que recibió el Premio Noma para nuevos narradores y de ahí se sumergió a tiempo completo en las letras. No sé si leer todo lo que me traje de él de una sola vez o si leer Murakami por medio. Tengo harto material para pimponear. Todo bastante bastante pop. Pamuk se ganó el premio Nobel el año pasado y todo apunta a que me traje una de sus mejores novelas, tengo dos de Kawabata que se lo había ganado bastante tiempo atrás, creo que en el '68. Dos más de Coetzee quién se lo ganó el 2003. Murakami no se lo ha ganado pero lo más probable es que en un tiempo más se lo den. Lo mismo podría ocurrir con Philip Roth. Con Camilleri puede que esté más difícil la cosa, pero al parecer su Salvo Montalbano la está rompiendo en todos lados. Ojo, Andrea Camilleri debutó como novelista a la edad de 53 años. Me cae bien por eso. Cheever no se lo ganó, mientras escribía entre el alcohol y la distimia. Tengo, como muchos, una relación ambivalente con respecto al Nobel. Por un lado sabemos que ha sido al menos digno de sospecha en algunas oportunidades. Muchos de sus ganadores nunca fueron mundialmente reconocidos por su obra. En lo superficial, alimenta todo ese mundo copuchento y cahuinero de los escritores, dando pie a grandes (, o no tanto,) discusiones sobre el merecimiento de tal galardón, lo apitutado que estaba este otro autor, lo mediocre o fantástica de la obra de aquél, etcétera etcétera. A pesar de todo, lo quiera uno o no, también me involucro y entusiasmo con los nombres que están sonando, con las historias de aquellos escritores de países lejanos y casi desconocidos que sin embargo han fraguado obras monumentales. Porque finalmente de eso se trata para mí, y creo que de eso debiese tratarse el asunto. De las letras impresas que al leerlas, hacen de nosostros, tan comunes y tan corrientes, mejores personas.

COETZEE

Escrito el martes, enero 30, 2007
- Deberías ir a terapia -le dice Jacqueline, expulsando humo. - Me lo pensaré -replica él. A estas alturas ya sabe que no debe contradecirla. En realidad, no iría a terapia ni en sueños. La meta de la terapia es hacerte feliz. ¿Qué sentido tiene? La gente feliz no es interesante. Mejor aceptar la carga de la infelicidad e intentar transformarla en algo que valga la pena, poesía, música o pintura: es lo que él cree. J. M. Coetzee - Juventud

Hubo un par de muertes

Escrito el sábado, junio 24, 2006 La semana pasada estuvo cruzada por un par de muertes. La primera que nombro es la del papá de una amiga algo cercana, también algo lejana, pero cuyo suceso impacta y remece por la personalidad de quien la protagoniza. Lo recuerdo en situaciones sociales tomando las riendas de los asados desde su raigambre española. Hasta las salchichas a la parrilla aparecían producidas al máximo, por ejemplo, abrigadas por pancetas de guarda. Sonrisa cariñosa y explícita para cualquiera, manteniendo en lo latente algún secreto triste. La segunda muerte: Stella Díaz Varín. Conocí a la Stella, vieja ya y casi muy joven, en una lectura poética llevada a cabo en la Plaza Brasil. Más específicamente en la Fundación Víctor Jara donde un par de poetas mujeres terminaron echando a punta de diatribas al poeta Sergio Parra. Antes, desde mucho tiempo atrás, tuve variadas referencias anecdóticas. Puñetes a quién le frunciera el entrecejo, escupitajos, encatres varios (desde Neruda a Jodorowsky y pasando también por Parra [Nicanor, por supuesto]). El pololeo con Jodo lo sobrellevó con su mano dentro del bolsillo roto de éste, agarrando lo que ustedes ya se imaginan, por todo lugar donde se encontraban. Al cabo de un tiempo y con la sutileza de la artista, la Stella cosió el bolsillo roto del pantalón de Jodorowsky dando por terminada la relación con el mayor de los simbolismos. Una frase inolvidable lanzada por sus labios ese día: Vivimos dentro de la espantosidad. Cuánta razón a veces cuánta razón.

Lo fome de buena calidad

Escrito el martes, junio 13, 2006 Hace un par de días atrás tuve la oportunidad de ver "El Halcón Maltés", película del año 41 con la actuación principal de Humphrey Bogart y Mary Astor. Me quedé con dos ideas. Uno: si pudiera, me mandaría hacer un traje como el que viste el detective Samuel Spade (Bogart). Puro estilo. Dos: tengo la impresión que es cada vez más difícil hoy en día encontrar películas en las que se dé una relación tan estrecha entre los personajes literarios y los representados. Creo que antes se daba con mucha mayor frecuencia el acento de las actuaciones desde los diálogos, desde el guión para configurar los personajes. Hoy en día, aquel "cine de masas" de la industria hollywoodense pone el énfasis mucho más en los efectos tanto visuales como de sonido, en detrimento de la conformación de personajes fuertes en sus contradicciones, expresados desde lo lingüístico. No digo que no existan, porque ejemplos que contradicen mi tesis los hay (por lo demás acepto que trato también con un tema en que lo subjetivo obstaculiza la norma: desde allí también hablo). Eso. Punto Aparte: Raúl Ruiz en su libro Poética del Cine (2000) da a conocer un gusto personal que me llamó mucho la atención y me dio luces sobre la acogida que tiene su obra para el chileno medio. A Ruiz le interesan mucho más las películas comúnmente percibidas como aburridas: "aquellas que poseen una elevada calidad de aburrimiento"-dice. Siempre me quedo pensando en aquella frase. Háganlo. El valor subyacente en una película latera lo busco lo busco lo busco y cada vez me intereso más en ella. De ahí a llegar a algún puerto, es otra cosa y me acuerdo de Esperando a Godot, que no es para nada una obra latera, sino que es, de forma simple y compleja (con plena no linealidad de pensamiento), la BÚSQUEDA y, sobre todo, la ESPERA en su más amplia y pura expresión. En un libro de Desiderio Arenas, un apesadumbrado Andrés le dice a Martín que encuentra su vida aburrida, monótona, repetitiva, en resumen y concretamente: una reverenda lata. Luego de la confesión de su amigo, Martín le responde lo siguiente: No existen vidas fomes. Sólo existen vidas mal contadas. Con respecto a mi vida, en lo personal, trato de mantener por lo menos una elevada calidad de aburrimiento.

"Liderazgo y Amor"

Escrito el miércoles, junio 07, 2006 Me llama un amigo contándome que va a haber una conferencia nominada "Liderazgo y amor", con una bajada de título que decía algo de las madres. Me imaginé algo así como "el legado de nuestras madres" o tal vez, "lo que nuestras madres nos han querido dejar". Hora: 19:00. Lugar: el Marriott. Los invitados son Humberto Maturana, Claudio di Girolamo y Hernán Rivera Letelier. Pienso: Bizarro bizarro bizarro, ergo voy. Llego algo atrasado y me siento en el lugar que me reservaba mi amigo Cristian con un compañero de trabajo (de él). Un tipo canoso se sube al estrado ubicado a un costado del escenario a leer un poema de Neruda: La Mamadre. Y yo me digo: "del terror". En la presentación un tipo canoso (otro) hace una reseña de cada uno de los invitados. Primero Maturana: "El más importante científico chileno, biólogo y blablabla"; al final de la presentación aplaude Cristian mientras el compañero de trabajo y yo sólo observábamos sin mover nuestras manos. En ese momento recordé las tardes de discusiones con Maturana gracias a un curso que impartió en la Universidad. Después de la presentación de di Girolamo yo aplaudo mientras mis compañeros no. En la última presentación, la de Rivera Letelier, sólo aplaude el compañero de Cristian. El nortino escritor Rivera Letelier una vez estuvo en mi casa en Antofagasta, mientras escribía y trataba de configurar al protagonista de "Fatamorgana de amor etc etc", ese trompetista pelirrojo. Me parece que cada vez es un escritor más malo, ya los últimos libros no los he leído y, por referencias, al parecer no me he perdido nada. Al contrario, he podido desaprovechar mi tiempo de manera más provechosa en otra cosa. El tema que cruzaría los discursos eran los recuerdos sobre las respectivas madres de los hablantes. Maturana nos cuenta muchas historias de las cuales no recuerdo bien ninguna, pero me queda una idea dando vueltas. Desde el comienzo explicita que nunca vio a su madre como líder, pero a través de sus historias, a todos se nos termina configurando como una líder bastante carismática. Sólo me acuerdo haber sonreído en un par de ocasiones. Grato. Después di Girolamo contó historias de su infancia en Italia en medio de la 2ª guerra, impresionantes. Historias de hambre y de la muerte sonriendo tras cada árbol por las calles. Tragedias y risas. Surgió una historia muy similar a la experimentada por Violeta Parra y sus hermanos. En el patio de la casa vecina de los Parra se celebraba un gran asado con muchos invitados y comistrajos y tomateras mundiales, escuchándose el evento varias casas a la redonda. Los hermanitos Parra con hambre y la Violeta ordena a todos sus hermanos buscar cada uno un plato y una cuchara. En medio del patio trasero se sentaron en el suelo frente a sus objetos y con risas y gritos de abundancia empezaron a golpear las cucharas con el fondo de sus platos vacíos, mientras ellos se saciaban tragando carcajadas solicitándose las enormes fuentes de "ensaladas" y grandes trozos de "carne". La idea era que los vecinos también supieran que ellos estaban de fiesta con una bacanal igual de grande. En Europa por su parte, la madre de di Girolamo, en medio de la guerra y frente al concierto de estómagos vacíos en su familia, ordenó poner la mesa lo más elegantemente posible. Cuchillería y porcelana especial, de esas que se utilizan para navidad y año nuevo. En complicidad, el padre trajo hojas de papel y lápices. Una hoja y un lápiz en cada plato. La familia realiza sus oraciones de agradecimiento y de solicitud para que a ningún pobre le falte el pan y luego la madre ordena: dibujen lo que más deseen comer en este momento. Aparecen vacunos, pescados, cerdos, todos adobados con las más deliciosas salsas y acompañamientos, grandes postres y sabrosas bebidas. Luego, todos entretenidos haciendo trueques alimenticios, un trozo de pescado arrancado de una hoja de papel por un delicioso acompañamiento de puré, un vaso de jugo natural por ese postre de leche, etc. Aquellos niños se fueron a acostar esa noche de igual manera con hambre, pero felices de haber participado de un gran festín. Rivera Letelier habla, era que no, sobre la pampa. Su madre fallece cuando él tenía 9 años. Relata una historia de intuiciones y asombros, la que finaliza con su voz húmeda en lágrimas y entrecortada por el cuchillo de los recuerdos. Aplaudo casi totalmente sincero. Me llama la atención que entre los invitados principales no hubiera ninguna madre, siendo que eran parte del título de la conferencia. Sólo invitados famosos que a priori se intuía alabarían a sus madres. Todo fríamente calculado. Maturana prende una luz que nos parece interesante. Ante la pregunta: ¿cómo se imaginan el mundo si estuviese gobernado sólo por mujeres, por madres? él contesta que el asunto no es quién gobierna, sino el concepto algo alienado que hemos construido del acto de gobernar. Habla de la coinspiración. Y siento que me gusta harto como suena la palabra coinspiración.

De "La parte de Archimboldi"

Escrito el miércoles, mayo 31, 2006 Los enfermos, por lo demás, siempre son más interesantes que los sanos. Las palabras de los enfermos, incluso de aquellos que sólo son capaces de balbucear, siempre son más importantes que las palabras de los sanos. Por lo demás, toda persona sana es una futura persona enferma. La noción del tiempo, ah, la noción del tiempo de los enfermos, qué tesoro escondido en una cueva en el desierto. Los enfermos, por lo demás, muerden de verdad, mientras que las personas sanas hacen como que muerden pero en realidad sólo mastican aire. Por lo demás, por lo demás, por lo demás. Roberto Bolaño, 2666, página 825.

QUÉ DIRÍA SÉNECA DE TODO ESTO

Escrito el jueves, diciembre 22, 2005 ¿Cuánto tiempo lleva trabajando en esta librería? Su respuesta fue seca, como su mirada y su actitud casi despreciativa con el consultante: "Más de cuarenta años". Mis caminatas por el paseo Bulnes en estos últimos años se motivaban, en lo principal, en la posibilidad de aprovechar los porcentajes de descuento que tenía en la librería de Fondo de Cultura Económica, ubicada en Paseo Bulnes esquina Tarapacá, a pasos del Normandie. Sin embargo, cierto día encontré en el número 245 de dicho paseo, una librería con libros y descuentos bastante interesantes. Desde fuera se veía una vitrina con los libros en oferta, una vez adentro, dos mesones con ediciones a dos mil y tres mil pesos. Al fondo a la izquierda, donde se divisaba una escalera que conducía al subterráneo, libros a mil pesos. A la entrada a la derecha, libros varios de buenas editoriales. Su aspecto era poco amigable. Delgado, pelo cano y bigotes. Actitud de desconfianza permanente hacia las nuestras. Siempre me han llamado la atención, al igual que en un libro por ahí, aquellos personajes que haciendo su trabajo tienen actitudes de desprecio hacia la gente. Por ejemplo, en ciertas actitudes de los garzones de la Unión Chica, ahí en calle Nueva York 11. Don Carlos pertenecía a esa clase de personajes. En mis primeras visitas, su trato no demostraba indiferencia, sino cierto malestar, lo que me hacía sentir especial por no comprender aquella actitud, siempre respetuosa, como la mía. Regularizando mis visitas en Bulnes 245, nos fuimos entendiendo en nuestra particular visión de mundo. Él me recomendaba libros, me hablaba de autores, de la actualidad, de la gente que ya no leía, aunque los libros costasen lo mismo que un café. Luego pasamos de hablar a conversar. Nos respetamos. Don Carlos salía tarde de su librería. En muchas ocasiones pasó navidades, años nuevos, cumpleaños en su local. Oiga Don Carlos, ¿por qué tiene los libros tan baratos? - Porque en vez de ganar diez prefiero ganar cinco. Hace unas semanas, fecha en que recibiría algún dinero, debía pasar por la Librería Séneca donde Don Carlos me conseguiría "2666" de Bolaño. No lo hice. Hace dos semanas pasé por Bulnes 245. Por primera vez en más de cuarenta años no habían libros en su interior. La puerta de vidrio cerrada, una serie de maestros haciendo cambios en su interior con taladros, martillos y serruchos. Parecía un apocalipsis en doce metros cuadrados. Don Carlos, cansado ya, se suicidó colgándose en el subterráneo de su local, bajo los cientos de libros que mantenían su existencia.

RECADO DEJADO PARA HOY

Escrito el viernes, noviembre 04, 2005 Es la madrugada del viernes cuatro de noviembre y vengo llegando de una reunión que tuve con amigos que he estado conociendo en el último tiempo. Reunión que obviamente fue llevada a cabo en un bar del centro de Santiago, lo que conlleva estados de conciencia provocados que todo lector imaginará. El motivo: la rendición de mi examen de grado. Lo que me queda de este día, sin embargo, no tiene que ver con este asunto, que para cualquiera sería de principal importancia. La experiencia reciente de finalización formal de los estudios universitarios es materia obligada para la mayoría de las personas que han tenido la suerte de pasar por esta experiencia. A mí me ha impresionado otra cosa. Tuve la oportunidad de aproximarme en este día a un texto que me emocionó y sorprendió profundamente. Mi relación con Gabriela Mistral ha sido esencialmente abarcada por un respeto podría decir filogenético a su obra, intuitivo, en ningún caso desde la ontogénesis experiencial. Hoy tuve la oportunidad de aproximarme a algunas líneas algo perdidas de su obra, subrepticiamente olvidadas, quizá desde aquella periferia que termina haciendo grandes a los que se encuentran ocultos. No es el caso de la Mistral, por supuesto. Pero desde las escuetas relaciones que he establecido con ella, se me aparecieron como reveladoras de una sensibilidad no concebidas desde mi inexperta experiencia. Las primeras palabras que quiero mostrar en este espacio, tienen que ver con un nivel de intimidad posiblemente motivado por ese amor jamás nunca de buena manera correspondido: Manuel Magallanes Moure. Quizá. Posiblemente, sin plena seguridad, él fue el destinatario. Corresponde a una carta enviada a aquel muy eventualmente posible destinatario. Sólo algunas líneas: "Hay el buen dolor y el mal dolor. Ha de ser el suyo el que / rasga las cortezas del árbol y llena la herida de sabia rosada. Y / de la sabia rosada ha alcanzado para mí un hilo perfumado. / ¡Bendito sea el buen dolor! / Del mal dolor sé yo, no sabe Ud.: blasfema y hace subir / del fondo en que estaban quietos, los malos sedimentos / obscuros." La supuesta carta continúa, pero prefiero dejarla hasta ahí. Creo que ya tenemos suficiente con eso. Al menos así fue para mí. Le dejo al lector posteriores emociones con respecto a ella. Último texto que deseo situar en este rincón. Lo citaré completo, ya que fragmentarlo se me hace imposible. Desafío a quién me importe a no sentir identificación alguna, aunque sea como remota resonancia icónica, con estas palabras. Título: MÍRAME, SOY TUYA. Año: 1920. "Quiébrame con tu pie pero que yo te sienta. Sopla sobre mí / como el viento entre las ramas para darte mi rumor. / ¿Por qué no me miras? A cada instante levanto mi cabeza / espiándote. Estoy siempre como el pájaro cuando amasa / el ruido; levanto del suelo una pajita, la pego en el barro y te / miro, vuelvo a bajar por otra pajilla y vuelvo a mirarte. / Vísteme, voy desnuda. Ponme resplandor. Mira mi espalda, / alta para una ancha púrpura. Mírame y me has vestido."
Escrito el viernes, octubre 14, 2005. Es realmente difícil encontrar sentencias más ciertas para el pragmatismo de las emociones que la contención de lo erótico y lo thanático en el ser humano. La muerte se contiene en el amor así como el amor se sustenta en la muerte, son contrarios que en falta desaparecen. Van unidos, cuando uno falla el otro lo supera. Uno puede matar de amor o de amor muriendo se puede desaparecer, el ars moriendi pasa necesariamente por una exhaustiva experiencia del eros. Esto es lo que conforma la gracia (y su contrario, por lo tanto su sustento: la miseria) del hombre. Todo anuncio de polaridad trae su sombra clavada a la espalda de la dicha desbordada. Un exceso de muerte por la circunstancia enfrentada trae de sombra una experiencia de amor que en el desdichado inflama su pérdida. De esta forma se fue Esenin. La gota que rebalsó el vaso del poeta enemistado con su entorno fue la pérdida del amor: Isadora Duncan. Lo mismo cinco años después con Maiacovski (aunque por gracia de otra mujer, dicen). Las palabras sólo retardan los finales de nuestras cotidianas (des)gracias... “Un aire, un aire, un aire, / un aire, / un aire nuevo: / no para respirarlo / sino para vivirlo.” Así Rojas y sus palabras quien, como cualquiera, no sabe qué se ama cuando se ama, como cualquiera al mismo tiempo sigue amando. El amor acalla las palabras, las hace innecesarias: “No puedo hablar, me quemaste la lengua con tus caricias, no puedo hablar. . . ¡y mi alma está ardiendo, ardiendo, ardiendo cual una gran ciudad otoñal incendiada por el sol enorme!... ...” (Pablo de Rokha). El dolor el dolor el dolor. “¿piensas que hablo / por mi herida? / ¡y por dónde / quieres que hable?!" (C. Bertoni). El momento en que tragar saliva sabe a tragar una rama de árbol seca. Por otro lado, dijo de Winétt “Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces” (Pablo de Rokha). Subvierte lo real, como dijo Nietzsche “el amor es aquel estado en que el hombre ve, la mayoría de las veces, las cosas como no son.” En palabras de Dante “Quien sabe de dolor, todo lo sabe”. Es interesante observar que en ocasiones ni la muerte puede sobrepasar al amor cuando se ha construido una relación por años, una de las experiencias más fuertes en poesía acerca de ese trance del vivir al morir de la amada lo ha producido Armando Uribe Arce con el siguiente poema: "Se le pusieron pálidas las manos, / lívido el rostro, leve el soplo, / los labios entreabiertos sin aliento, / casi indecisos –siento / que imperceptiblemente amamos / lo que se va. Pero yo me le acoplo." El grito final silencioso a la memoria de la amada, conducente, inmanente a la muerte que camina por su rostro, al golpe final y trágico como todo final: "Muero de amor por una muerta / divinidad humanizada / por mí, que ahora yace yerta. / Me quiere no me quiere nada. / La quiero aunque sea esqueleto / con la carroña alrededor. / A sus pies seré roedor / puñado de cenizas feto." / Otro poeta que vivió el calvario mortal de la partida de la mujer amada es Pablo de Rokha, quien le dedica en su particular lenguaje versos cargados del dolor que horada su existencia, versos de una de las presencias más grandes del retrato del dolor por la pérdida de la amada: "...ahora la aurora / no volverá a asomar más, / y los mundos obscuros, / entrechocándose, / rodarán, conmigo adentro, / a la soledad enfurecida. Degüello mi lenguaje a tus pies y me arrojo / como un toro obscuro y desnudo / contra la nada."

DON QUIJOTE ADIPOSO Y TOMÁS DE AQUINO PERVERSO

Escrito el domingo, octubre 09, 2005.
Acabo de terminar el libro "La Conjura de los Necios", en una lectura que, con premeditación y alevosía, la llevé a cabo casi exclusivamente en los distintos recorridos que tuve que hacer en la locomoción colectiva en el último mes. Creo que si bien perdía continuidad la lectura del relato por las inevitables llegadas a destino, fue una decisión acertadísima al mejorar ostenciblemente mi ánimo en aquellos trayectos. La mayor parte de las veces me veía bajando de la micro a carcajadas por las insólitas aventuras procreadas por ese gordo de carácter ortodoxo en su particular supervivencia. Ignatius J. Reilly es de aquellos personajes que, por la calidad de su gestación, perviven en la memoria por la emotividad que han regalado. Fernando Pessoa en uno de sus poemas dice "Mis mismas emociones/ son cosas que me ocurren". Estos dos versos, aunque en apariencia luzcan como obviedades, si uno detiene la reflexión un momento aparece un correlato más profundo de significado. Las emociones que causaron en mí las grandes aventuras de Ignatius Jacques Reilly, llegaron a pocisionarse en mi experiencia de tal manera que forman parte de una experiencia profundamente personal. Los libros que marcan producen tales efectos, emocionan y -en la línea de Pessoa-, finalmente nos constituyen en parte. Siempre me han llamado la atención los escritores (sobre todo poetas) que terminan poniendo fin a sus vidas por propia voluntad. La Conjura de los Necios fue escrita a principios de la década del 60 y su autor es el norteamericano John Kennedy Toole quien, al no encontrar apoyo editorial para su única novela, ve frustrada su carrera como escritor y se suicida en el año 1969 a la edad de 32 años. La primera edición del libro se logró recién en 1980, luego que su madre de 79 años lograra que un prestigioso escritor se fijara en la obra. Después de eso, éxito inmediato hasta alcanzar el Premio Pulitzer. El mismo escritor en el prólogo dice haber aceptado a regañadientes la lectura del escrito original del texto, ya que la imagen de una anciana insistente con un texto de un desconocido no lo motivaba en absoluto. Cuenta Walker Percy que tras las primeras líneas no podía creer lo que tenía en sus manos, no se convencía de que una obra de tal calidad llegara de aquella manera a emocionarlo. Recomendable sin duda absolutamente. La Conjura de los Necios John Kennedy Toole Editorial Anagrama

Asedios a la desmemoria actual y futura

Recuentos y actualización de algunas lecturas, motivado por la desmemoria evidente que me ataca.