miércoles, 26 de agosto de 2015

"Liderazgo y Amor"

Escrito el miércoles, junio 07, 2006 Me llama un amigo contándome que va a haber una conferencia nominada "Liderazgo y amor", con una bajada de título que decía algo de las madres. Me imaginé algo así como "el legado de nuestras madres" o tal vez, "lo que nuestras madres nos han querido dejar". Hora: 19:00. Lugar: el Marriott. Los invitados son Humberto Maturana, Claudio di Girolamo y Hernán Rivera Letelier. Pienso: Bizarro bizarro bizarro, ergo voy. Llego algo atrasado y me siento en el lugar que me reservaba mi amigo Cristian con un compañero de trabajo (de él). Un tipo canoso se sube al estrado ubicado a un costado del escenario a leer un poema de Neruda: La Mamadre. Y yo me digo: "del terror". En la presentación un tipo canoso (otro) hace una reseña de cada uno de los invitados. Primero Maturana: "El más importante científico chileno, biólogo y blablabla"; al final de la presentación aplaude Cristian mientras el compañero de trabajo y yo sólo observábamos sin mover nuestras manos. En ese momento recordé las tardes de discusiones con Maturana gracias a un curso que impartió en la Universidad. Después de la presentación de di Girolamo yo aplaudo mientras mis compañeros no. En la última presentación, la de Rivera Letelier, sólo aplaude el compañero de Cristian. El nortino escritor Rivera Letelier una vez estuvo en mi casa en Antofagasta, mientras escribía y trataba de configurar al protagonista de "Fatamorgana de amor etc etc", ese trompetista pelirrojo. Me parece que cada vez es un escritor más malo, ya los últimos libros no los he leído y, por referencias, al parecer no me he perdido nada. Al contrario, he podido desaprovechar mi tiempo de manera más provechosa en otra cosa. El tema que cruzaría los discursos eran los recuerdos sobre las respectivas madres de los hablantes. Maturana nos cuenta muchas historias de las cuales no recuerdo bien ninguna, pero me queda una idea dando vueltas. Desde el comienzo explicita que nunca vio a su madre como líder, pero a través de sus historias, a todos se nos termina configurando como una líder bastante carismática. Sólo me acuerdo haber sonreído en un par de ocasiones. Grato. Después di Girolamo contó historias de su infancia en Italia en medio de la 2ª guerra, impresionantes. Historias de hambre y de la muerte sonriendo tras cada árbol por las calles. Tragedias y risas. Surgió una historia muy similar a la experimentada por Violeta Parra y sus hermanos. En el patio de la casa vecina de los Parra se celebraba un gran asado con muchos invitados y comistrajos y tomateras mundiales, escuchándose el evento varias casas a la redonda. Los hermanitos Parra con hambre y la Violeta ordena a todos sus hermanos buscar cada uno un plato y una cuchara. En medio del patio trasero se sentaron en el suelo frente a sus objetos y con risas y gritos de abundancia empezaron a golpear las cucharas con el fondo de sus platos vacíos, mientras ellos se saciaban tragando carcajadas solicitándose las enormes fuentes de "ensaladas" y grandes trozos de "carne". La idea era que los vecinos también supieran que ellos estaban de fiesta con una bacanal igual de grande. En Europa por su parte, la madre de di Girolamo, en medio de la guerra y frente al concierto de estómagos vacíos en su familia, ordenó poner la mesa lo más elegantemente posible. Cuchillería y porcelana especial, de esas que se utilizan para navidad y año nuevo. En complicidad, el padre trajo hojas de papel y lápices. Una hoja y un lápiz en cada plato. La familia realiza sus oraciones de agradecimiento y de solicitud para que a ningún pobre le falte el pan y luego la madre ordena: dibujen lo que más deseen comer en este momento. Aparecen vacunos, pescados, cerdos, todos adobados con las más deliciosas salsas y acompañamientos, grandes postres y sabrosas bebidas. Luego, todos entretenidos haciendo trueques alimenticios, un trozo de pescado arrancado de una hoja de papel por un delicioso acompañamiento de puré, un vaso de jugo natural por ese postre de leche, etc. Aquellos niños se fueron a acostar esa noche de igual manera con hambre, pero felices de haber participado de un gran festín. Rivera Letelier habla, era que no, sobre la pampa. Su madre fallece cuando él tenía 9 años. Relata una historia de intuiciones y asombros, la que finaliza con su voz húmeda en lágrimas y entrecortada por el cuchillo de los recuerdos. Aplaudo casi totalmente sincero. Me llama la atención que entre los invitados principales no hubiera ninguna madre, siendo que eran parte del título de la conferencia. Sólo invitados famosos que a priori se intuía alabarían a sus madres. Todo fríamente calculado. Maturana prende una luz que nos parece interesante. Ante la pregunta: ¿cómo se imaginan el mundo si estuviese gobernado sólo por mujeres, por madres? él contesta que el asunto no es quién gobierna, sino el concepto algo alienado que hemos construido del acto de gobernar. Habla de la coinspiración. Y siento que me gusta harto como suena la palabra coinspiración.

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