miércoles, 26 de agosto de 2015
El cuentista inconcluso
Escrito el lunes, octubre 01, 2007.
En un principio tenía considerada esta publicación póstuma de Bolaño con una mezcla de crítica sospecha y genuina curiosidad. La sospecha venía de esa percepción corriente y aberrante sobre las ganancias que obtienen los predicadores una vez muerto el dios. La curiosidad, obviamente, radicaba en que no me interesan los predicadores ni tampoco demasiado el dios, sino las cosas que hizo en sus siete días de producción en la tierra.
Lo que me llevó a sospechar de mi sospecha es la admiración que hasta el momento le tengo a la seriedad de Ignacio Echevarría, quien al encontrarse al frente de la publicación hacía que mi curiosidad se inflara a varios bar de presión.
Me imagino la gozosa ansiedad del editor de EL SECRETO DEL MAL al mover con el mouse el puntero sobre las carpetas, archivos, palabras y más palabras inconclusas que aparecían ante sus ojos desde el computador personal del difunto Bolaño. Como un arqueólogo deslumbrado por estar próximo a deslumbrarse.
El resultado de aquella profunda investigación en los caracteres de los últimos trabajos de Roberto Bolaño es de primer nivel. Esta última publicación póstuma con varios de sus textos narrativos contenidos sin concluir generó el gusto en su lectura de lo perdido con la muerte. No es mito, ya que éstos se plantean desde un convencimiento popular con bases incompactas, lejanas de las rocas narrativas que nos legó.
"Cuentos"- decía Bolaño: son cuentos. Para mí también, incluso y sobre todo lo más autobiográfico o aquellos productos concienzudamente trabajados desde la aguda crítica literaria que ejercía.
Hablo de: lo vivido con La colonia lindavista, el suspenso de El secreto del mal, aquellos nuevos guiños de 'Los detectives salvajes' con El viejo de la montaña, la historia que yo mismo Carlos Subiabre Sierralta viví al pie de la letra en El hijo del coronel, lo bizarro contenido en La habitación de al lado, la altísima capacidad analítico narrativa de Laberinto, el tremendo análisis de la literatura argentina (y en gran parte en su calidad, hispanoamericana) Derivas de la pesada, aquellos resabios de las atrocidades vividas en las muertes de mujeres en '2666' con Crímenes, la cercanía con su historia ontológica en No sé leer, las ambigüedades y certezas que provoca lo terrible en Músculos, el choque de los mundos de los desamparados que se produce en Bronceado, la pequeña gran subversión en El provocador, la capacidad discursiva de Sevilla me mata, los cabos aclaratorios en Las jornadas del caos.
Parafraseando a Bolaño en su análisis Derivas de la pesada, quien dice "Hay que releer a Borges otra vez", lanzo mi propio corolario: Hay que empezar a leer a Bolaño, hay que empezar a leerlo siempre.
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