miércoles, 26 de agosto de 2015
Lo fome de buena calidad
Escrito el martes, junio 13, 2006
Hace un par de días atrás tuve la oportunidad de ver "El Halcón Maltés", película del año 41 con la actuación principal de Humphrey Bogart y Mary Astor.
Me quedé con dos ideas.
Uno: si pudiera, me mandaría hacer un traje como el que viste el detective Samuel Spade (Bogart). Puro estilo.
Dos: tengo la impresión que es cada vez más difícil hoy en día encontrar películas en las que se dé una relación tan estrecha entre los personajes literarios y los representados. Creo que antes se daba con mucha mayor frecuencia el acento de las actuaciones desde los diálogos, desde el guión para configurar los personajes. Hoy en día, aquel "cine de masas" de la industria hollywoodense pone el énfasis mucho más en los efectos tanto visuales como de sonido, en detrimento de la conformación de personajes fuertes en sus contradicciones, expresados desde lo lingüístico. No digo que no existan, porque ejemplos que contradicen mi tesis los hay (por lo demás acepto que trato también con un tema en que lo subjetivo obstaculiza la norma: desde allí también hablo).
Eso.
Punto Aparte: Raúl Ruiz en su libro Poética del Cine (2000) da a conocer un gusto personal que me llamó mucho la atención y me dio luces sobre la acogida que tiene su obra para el chileno medio. A Ruiz le interesan mucho más las películas comúnmente percibidas como aburridas: "aquellas que poseen una elevada calidad de aburrimiento"-dice. Siempre me quedo pensando en aquella frase. Háganlo. El valor subyacente en una película latera lo busco lo busco lo busco y cada vez me intereso más en ella. De ahí a llegar a algún puerto, es otra cosa y me acuerdo de Esperando a Godot, que no es para nada una obra latera, sino que es, de forma simple y compleja (con plena no linealidad de pensamiento), la BÚSQUEDA y, sobre todo, la ESPERA en su más amplia y pura expresión.
En un libro de Desiderio Arenas, un apesadumbrado Andrés le dice a Martín que encuentra su vida aburrida, monótona, repetitiva, en resumen y concretamente: una reverenda lata. Luego de la confesión de su amigo, Martín le responde lo siguiente:
No existen vidas fomes. Sólo existen vidas mal contadas.
Con respecto a mi vida, en lo personal, trato de mantener por lo menos una elevada calidad de aburrimiento.
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